El año pasado decidí no tener Internet en mi casa. La razones era diversas; dedicarle más tiempo a mis estudios, también para no estar sentada frente a un computador todo el día, para leer, realizar otro tipo de actividades, y organizar bien mi tiempo. Con mi laptop hago todos mis quehaceres en menos tiempo al no tener la distracción de la conexión. Si necesito información de Internet busco en las mañanas cuando voy a la universidad y si necesito hacer algo que no esté relacionado con mis estudios, me quedo más tiempo en el campus. Dentro de todo me he adaptado a esto. Pero el viernes particularmente mi medida no me favoreció. Revisé mi uninet e e-campus (sitios de mi universidad) y todo seguía igual, tendría clases en la tarde. Al otro día me levanté, leí un poco. Cuando salía de mi departamento, una compañera de curso me llamó y me dijo que las clases habían cambiado de horario, que habían sido en la mañana y que no tenía caso que fuera a clases ahora. Me sentí mal porque mi idea no es perder clases. ¿Qué hacer en toda la tarde entonces? Se había acabado mi dinero semanal y por lo mismo no tenía panorama. Me llamó un amigo y de la nada surgió una salida al cine. Día entretenido, que hasta me pareció increíble, por lo relajado.


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