Las distancias a veces afectan a las personas y a las relaciones también. El alejarse por un tiempo en muchos casos es algo necesario. Pero cuando se excede el tiempo, la necesidad de ver a los seres queridos afecta gradualmente. Durante mi primer año lejos de mis padres, con quienes pasé toda mi vida, no me afectó demasiado, ya que los veía los fines de semana. Además cuando tomé la decisión de estudiar lejos del “nido” estaba consciente de todo lo que implicaba. Me sentí preparada para enfrentar las diferentes situaciones que se presentaran, y así lo fue. Todo durante ese año transcurrió de manera normal. Al segundo año, ya no nos veíamos tanto, aunque el cariño no disminuyó, la relación con mis padres ya no era tan cercana. En ese momento mis actividades me absorbían, dejé de viajar los fines de semana y mis padres con sus quehaceres cada vez tenían menos tiempo. Cuando podía pasar tiempo con ellos, realmente lo disfrutaba. Durante las últimas vacaciones a pesar de lo mucho que los extrañaba, me sentí un poco extraña. Cuando salía, tenía que avisar, no, pedir permiso, decir donde iba y a que hora llegaba. Un día había olvidado comprar mi acondicionador, era tarde pero no tanto. Cuando salía de casa, mi papá me dijo que era muy tarde, que fuera otro día. Accedí a hacer la compra otro día, pero me llamó la atención lo extraña que me sentía pidiendo permiso para salir a comprar. No los he dejado de querer pero a veces las distancias muchas veces enfrían una relación, no destruyéndola pero si deteriorándola.


No hay comentarios:
Publicar un comentario